El señor Manolo y su viejo Barreiros

Al señor Manolo, Manuel García Soto, nadie le puede poner en duda que tiene mucho que contar y que ha hecho muchas cosas en la vida. En sus 96 años de vida.

27-11-2017  

Cuando ven en Torneros un coche rotulado de La Nueva Crónica no esperan que vayas a ver a El señor Manolo. Y, sin embargo, cuando les dices que vas «a ver al señor Manolo» a nadie le extraña, todo lo contrario, y hasta se lanzan con alguna reflexión: «Ya es hora de que empecéis a escribir de gentes que tienen algo que contar y que han hecho algo en la vida». 
Y al señor Manolo, Manuel García Soto, nadie le puede poner en duda que tiene mucho que contar y que ha hecho muchas cosas en la vida. En sus 96 años de vida.

- Serás el más viejo de Torneros (del Bernesga).
- Pues claro. 
- ¿El señor de la casa de abajo?
- Nació el 15 de septiembre y yo el 30 de agosto, soy 15 días más viejo. 

Y zanja la discusión, se nota que lo tiene muy claro porque además, te explica, «yo de cintura para arriba estoy como un chaval, cabeza incluida».
- ¿Y de cintura para abajo?
- Bueno. Si no fuera por las rodillas. Las tenía que haber operado pero lo dejé y ahora... Tampoco me quejo, me voy arreglando. 

Y para demostrarlo, cuando todavía andas en estas reflexiones, este paisano de Torneros aparece sobre su viejo Barreiros, que controla con pericia. Sale del garaje sin ningún problema pese a lo ajustado del portón y aparca enfrente con la misma facilidad, entrando a un solar entre dos postes que apenas le dejan unos centímetros por cada lado... «¿Qué problema voy a tener? Toda la vida con él, lo compré hará cincuenta años. Son muy duros estos Barreiros». 

Pero no solo lleva el tractor, cada día coge la bicicleta para las cosas que tiene que hacer por el pueblo o trabajos en la huerta y más...

- ¿Es verdad que conduce la bicicleta solo con una mano y con la otra sujeta la guadaña
- No, ahora no; niega con una sonrisa que delata algo más. 
- ¿Cómo que ahora no?; le llevan la contraria los vecinos y familiares.
- Ahora no... quiero decir que la guadaña la llevo por el verano, ¿para qué quiero ahora la guadaña?

Sí la lleva en verano. Como lleva el tractor, como acude cada día al huerto a hacer las faenas que le hagan falta, «a las cuatro cosas que sigo sembrando, para casa... Unos tomates, unos pimientos, remolachas... lo de siempre».

- ¿Y se arregla bien?
- Toda la vida haciéndolo y ahora se me iba a olvidar.
- ¿Gallinas no tienes?
- Sí, pero eso es cosa de la jefa, de Concepción.

"La jefa" –Concepción Fernández Vega– se había mantenido al margen. Tiene 92 años y es de Sotico.

- ¿Fuiste a buscarla en alguna romería?
- No hace falta. Sotico y Torneros son casi uno, se va andando.

Concepción sigue a lo suyo, enfrascada en una curiosa lectura, una novela que le ha regalado la nieta –«lee todo lo que le cae a mano», explica su única hija–, la novela "Una madre tan punk", de Teresa Moure, que plantea una denuncia de la sociedad actual en forma de metáfora, con la historia de una brillante jueza que padece síndrome de Diógenes, pero que realmente la basura que acumula en su casa no es propiamente basura, son los casos de corrupción política y legal que ha tenido sobre su mesa en su carrera. Le está gustando a Concepción. 

«Es muy lectora», dice con orgullo el Señor Manolo, en el inicio de una conversación que es todo un privilegio poder mantener con este «vecino más viejo de Torneros» al que tantas veces tienen que acudir los más jóvenes como «sabio de la tribu» que es. Y hay un tema que le tiene algo endemoniado y parece que no falta razón: «Aquí siempre fue buena tierra para la agricultura por el agua. Y ahora dice que igual se dejan quitar la presa, pero ¿están locos? Eso no puede ser».

- ¿Quedan agricultores?
- No queda casi nada de nada. A los pueblos nos están dejando de la mano de Dios pero lo del agua va mucho más allá de la agricultura, ¿quién no sabe que el agua es la vida? El que no sepa eso no sabe nada.

Y recuerda Manuel García Soto aquellos años en los que todos los vecinos tenían su pozo. «Los hacíamos nosotros, a pico y pala, a los dos metros ya aparecía el agua y después se hacía como nada...».

- ¿Ha bajado mucho la población?
- No. Seríamos 50 pero ahora somos 100, por las urbanizaciones y esas cosas, pero que yo no sé si son de aquí o no... el caso es que en el bar ya no nos juntamos ni cuatro para la partida.

Y recuerda aquellos huertos "ricos"; los viajes con las caballerías cada semana hasta el mercado de León, «que por el monte está ahí al lado»; las faenas agrícolas diarias con las parejas de vacas –«mi padre tenía pareja de bueyes, que tiran más»–; segar a guadaña... «Cuando aparecieron los tractores fue un descanso. Yo compré este Barreiros y lo que antes hacías en 15 días lo solucionabas en dos, y con tiempo para jugar la partida».

- Pero ¿éste fue el primero que tuvo?
- Y el último. Estos Barreiros salieron muy duros. Éste, ya lo viste, arranca a la primera... tenía que cambiarle las ruedas pero ¿tú sabes lo que cuestan esas ruedas?
- Costarán 300 euros.
- Ya quisiera, más de 100.000 pesetas cada una. 

Y los vecinos le piden «para la foto» que repita la imagen de cuando lleva a su mujer en el tractor. «Para subir le pone el hombro para que se apoye y luego la baja él en brazos. Da gusto verlos», nos dicen en el bar y les piden que lo hagan Concha la cartera y Beatriz, la de la tienda de piensos, pero Concepción «no es de fotos». 

- A nuestras edades; musita, y vuelve a su novela punk.

Fuente: La Nueva Crónica